Día 1 de Agosto sábado.
Concentración del equipo español en el cine de verano, no muy
lejos del lugar donde nos encontrábamos. Pasamos el control a primeras
horas de la tarde. La organización fue perfecta, mucha animación
por parte de los aproximadamente 1300 chicas y chicos de entre 18 y 27 años,
procedentes de todos los países de Europa occidental, Argentina, Nueva
Caledonia y los equipos de apoyo de Citroën, Michelín, Total, la
Radio y Televisión de Luxemburgo, el Ministerio de la Juventud francés
y periodistas y fotógrafos de medios de comunicación. Como dato
curioso, vimos que participaba un joven matrimonio con un niño de días.
También participan chicas que pilotaban sus propios coches.
Hemos logrado encontrar a Jöel que conducía una furgoneta de muy
antigua fabricación. Este joven francés era el hijo del Jefe de
Taller de la filial de Ci-troën en Madrid.
Los jóvenes acatamos las instrucciones, que la organización que
nos trasmite por megafonía, en varios idiomas. Ante la emoción
y expectativa de todos va-mos a salir... Rafa, mi compañero, llama a
un perro que cruza delante de nues-tro coche: "Mesieur le chien"
La salida se da sobre las ocho de la tarde. Cada diez minutos, cincuenta coches
salen del cine de verano, improvisado como aparcamiento de salida, ca-mino de
la autorrute de Lyon. Todo el mundo nos despedía con entusiasmo. La juventud
europea se lanza con alegría a una nueva aventura. Los coches ha-bían
sido preparados con entusiasmo y hasta con gracia. Como más tarde contemplaremos
en las fotos, los acabados de los coches son de todos los gustos y estilos.
Salimos por la autorrute N-6 dirección Lyon, que parte de ella es de
peaje. La carretera estaba abarrotada de vehículos, coincidiendo con
la salida de los parisinos hacia las playas del sur de Francia. Pero hasta
aquí se circulaba bien. Al finalizar la autorrute, había un embotellamiento
producido por un accidente de un compañero de viaje suizo.
Participan en el Raid, jóvenes con coches matriculados en Francia, Noruega,
Suiza, Argentina, Irán, Austria, Alemania, Suecia, Yugoslavia, etc. Por
la carretera hay un ambiente sensacional. Por todas las rutas y en todas las
ciuda-des del recorrido, nos encontramos con jóvenes con el mismo ideal.
El de llegar a Kaboul, capital de Afganistán.

Salimos de París a las ocho y media de la tarde, pasamos la frontera
suiza por Ginebra, a las siete y media de la mañana. Desayunamos, visitamos
la parte antigua y moderna de la ciudad. Entramos en una iglesia sobre la cual
había esta inscripción: Iglesia Católica Romana. Para un
español esto suponía una novedad, ya que no estamos acostumbrados
a otro culto que el oficial. Volvimos a pasar a Francia y por el túnel
de Mont Blanc, llegamos a Italia. El cuenta kilómetros del coche nos
dice que tiene 11 Kms de longitud.
Ya en Italia tomamos la autoestrada de Turín a Venecia por Milán.
Hemos con-ducido toda la noche. Tenemos un lío de libras y francos de
impresión. Nos hemos sorprendido curiosamente que cuando nuestros relojes
marcaban las dos de la tarde, hora de París. En Turín, eran las
tres. Después de quedarme dormido mientras mi compañero conducía,
al despertar, había quedado atrás la ciudad de Millán y
su catedral. Ahora vamos aproximándonos a la ciudad de Mestre, a cinco
kilómetros de Venecia. Los jóvenes seguimos saludándonos
y nosotros a ellos. Llevamos 24 horas sin parar y saliendo del coche sólo
para repostar y comer. Nos quedan pocos kilómetros para pasar por la
ciudad de Verona, donde Shakespere se inspiró para desarrollar la acción
de su inmortal Romeo y Julieta. Por los países del Mercado Común
no hemos tenido problemas con los pasaportes. Dormimos la noche del día
dos en un hotel en la ciudad de Mestre.

Extraña forma de cruzar una frontera.
Día 3 agosto lunes
Hemos salido de Mestre, donde hemos pasado la noche a las 9 de la mañana,
hora de España, con rumbo a la frontera de Yugoslavia cercana a la ciudad
de Trieste. Nos han entretenido más de una hora en la aduana. Hemos entablado
amistad con Pascal. Un joven muy simpático del Gran Ducado de Luxemburgo.
Mientras la pesada estancia en la aduana, otros jóvenes, han entablado
con-versación conmigo y con agrado y sorpresa exclamaban: ¡Madrid!
¡España!
Entramos en Yugoslavia y hasta ahora, hemos pasado por una zona muy pare-cida
a nuestra Galicia, pero con un nivel superior. Hemos visitado Zagred, que me
parece una ciudad con un nivel bastante bueno. Los camiones que nos cruzamos
son casi todos del Estado. En un supermercado hemos comprado pan y vino. Presidiendo
la tienda tenían un cuadro del presidente Tito. Los guardias de la ciudad
visten de blanco y son todos muy jóvenes. Por las calles había
alguna monja. Por el campo pudimos ver dos capillas de la Virgen. La geogra-fía
ha cambiado, es más llana pero con mucha vegetación.
Llegamos a Belgrado, la capital, sobre las 12 y media de la noche local. Muchos
camiones, nos hemos encontrado por la carretera. En este trayecto coincidimos
con Joël y cenamos juntos. El control de Belgrado tiene lugar en el Hotel
Internacional y dormimos en tiendas de campaña en sus alrededores. Allí
encontramos a nuestros compañeros. Aquí se ha producido el primer
control de Raid. Salimos a las 6 de la mañana. Al salir de Yugoslavia
hemos visto un cura.
Día 4 de agosto martes
Vamos camino de Sofía. Nos comunican que unos jóvenes que conocimos
en la frontera de Yugoslavia se han dado un golpe y están heridos en
un hospital. Hemos cruzado Belgrado y a estas horas de la mañana, las
calles están llenas de gente para ir al trabajo. Cruzamos una zona nueva
muy espaciosa y otra con solera antigua. Parece como si los comercios y los
bares, ya los preparasen para abrirlos. Por fin salimos de Yugoslavia y entramos
en Bulgaria. Este país es deprimente. Geográficamente, es más
irregular y más seco. Hicimos una pequeña escala en Sofía.
Una ciudad muy triste. Hemos sido un atractivo en la vía pública.
Pocos coches en las calles. Casi todos los productos se venden en almacenes
tipo supermercados. La capital de Bulgaria dispone de una red de tranvías.
Hemos comprado una sandía en un puesto en la calle. Inten-tamos meternos
en un restaurante y una vez sentados en una mesa, había que ir al mostrador
y del mostrador a la mesa con la comida en una bandeja. Hemos tenido que optar
por comprar unas "cosas" rarísimas de carne y pescado y comérnoslo.
Apenas hay coches por la ciudad, a pesar de ser medio día. Ya por el
campo se ven cierta cantidad de máquinas modernas de labranza. Las mujeres
se ven con frecuencia, arreglando carreteras y jardines de la ciudad. Todo es
muy extraño en este país. Hay fotografías de Lenín
por todos los sitios. En Sofía vi un Iglesia. El ambiente en nuestra
ruta sigue igual. Los jóvenes se saludan, no importando la matrícula
que lleven sus coches. El claxon y el saludo no entienden de nacionalidades.
A nuestro paso sorprendimos a unas mujeres hilando. La gente búlgara
nos sonríe y nos saluda. En la frontera de Turquía con Bulgaria,
la gente nos dice: ¡España! ¡Andalucía!
La parte turca era una verbena, si la comparamos con la estricta aduana búlgara.
Llegamos a tiempo de instalar nuestra tienda de campaña en un camping
en la ciudad de Edirne. Al atardecer, presenciamos un rito musulmán en
una mezquita.

Joël y su compañero se disponen a reparar
el cambio de velocidades de su furgoneta 2 CV en un control.
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